UNA GUÍA VITA PARA CONOCER LISBOA Y OPORTO

Oct 4, 2020

Yo honestamente pensaba que “viajar” era una palabra prohibida en estos tiempos, porque el mundo ha dado un giro de 180 grados y hemos tenido que cambiar la forma en que pensamos normalmente. Pero yo no quisiera enfocarme en la pandemia; en vez de eso, quisiera contarles que he decidido en buscar siempre algo positivo, decidiendo vivir y trabajar bajo esta situación que estamos pasando. Por eso tomé la decisión responsable, consciente y prudente de seguir en pie con un plan que tenía desde diciembre de 2019: hacer un viaje soñado por Portugal.

Mi novio Javier y yo planificamos ese viaje originalmente para esta Semana Santa de 2020. Habíamos comprado los pasajes con las millas de nuestras tarjetas de crédito, para no tener que pagar el costo de un billete completo. Para diciembre del año pasado teníamos esos boletos aéreos listos, incluyendo los boletos internos para viajar de ciudad en ciudad. Yo estaba de lo más campante: en febrero viajé a Nueva York para asistir a un congreso de medicina funcional y, al retornar a Santo Domingo, solo contaba los días para ese famoso viaje de Semana Santa.

Qué ilusa: ahí llego la amiga COVID.

Air Europa no nos ofreció la oportunidad de transferir ese billete a un crédito de uso abierto, sino que teníamos que escoger una fecha y aparte pagar una penalidad —cosa que no entiendo, observando el comportamiento tan generoso de muchas otras aerolíneas—. Como vimos que septiembre estaba lejos y que teníamos una boda en Madrid en ese mes, lo pusimos para el 1ro de septiembre.

Lo que menos yo esperaba era que en septiembre todavía estaríamos con mascarillas y con un galón de desinfectante en cada esquina. Aunque los aeropuertos estaban abiertos desde julio y Javier y yo podíamos entrar a España y Portugal porque tenemos pasaportes de la Unión Europea —algo importante debido a la prohibición de entrada que existe actualmente—, en agosto todavía me causaba ansiedad y pánico la idea de volar. Encima de eso, se había cancelado la boda. Pero solté mis miedos y tomé la decisión de vivir —claro, luego de hacer mil investigaciones con mi familia y mis amigos del otro lado del mundo—. 

Por eso hoy les quiero contar los detalles de mi viaje a dos ciudades en Portugal, por si en algún momento desean visitarlas. 

¿Por qué Portugal?

Yo estaba loca por conocer la tierra de los lusos. Yo tenía el afán de ir porque había escuchado maravillas y admito que me encanta el lenguaje —ese acento, con todo y que parecen hablar con la boca cerrada, me encanta—.

El plan era pasarnos dos noches en Lisboa y una en Oporto, pero el siempre iluminado Jaime León de Travelwise me recomendó añadir al menos una noche en la segunda ciudad, porque presentía que me iba a encantar. Conclusión: tres noches en Oporto.

En Lisboa

Si no han visto mi reciente vlog en YouTube sobre todo el proceso del aeropuerto y las claves a la hora de viajar en época covidiana, paren ya y vayan a verlo ahora. Van a ver cómo nos manejamos en el aeropuerto y en el transcurso del vuelo. OK, ahora sí podemos hablar de Lisboa.

Hospedaje

Mi tía postiza Chabela Fernández, quien trabaja en el consulado dominicano en Lisboa, me había recomendado un par de hoteles. El que había reservado en abril ya no estaba disponible, pero eso no me afectó: pudimos quedarnos en The One Palácio da Anunciada, un hotel que abrió hace poco y no puede ser más hermoso. Está en un edificio remodelado que data de 1533, y tiene un patio interior, habitaciones cómodas con baños espaciosos y, lo mejor de todo, muy céntrico —está ubicado en el distrito de Baixa, justo en el centro de la ciudad—.

Desayuno

Ya me conocen: yo le busco todos los pormenores a los desayunos en un viaje. No necesariamente me voy por lo totalmente saludable, pero sí tiene que tener mi onda. No soy de un pan con cafe ni de sentarme en una panadería cualquiera; por eso normalmente tomo un brunch a media mañana. 

Por eso mi primer desayuno fue en Frutaria Café, un bar de jugos donde todo es semi-saludable. En su menú hay de todo para todos, y por eso ese pozuelo de açaí que escogí estaba riquísimo. Otro lugar que escogimos fue Fauna & Flora. ¡Qué lugar tan lindo, todo verde, con mesitas al fresco! Nos comimos unos panqueques de matcha y limón, una tostada con salmón… y Javier se comió unos panqueques (nada saludables) con chocolate, guineo y granola. Y si desean tomarse un buen café o un buen latte de matcha, por favor pasen por una sucursal de Copenhagen Coffee Lab. ¿Será que me gustó tanto porque lleva el nombre de mi ciudad favorita?

Almuerzo y cena

Yo vivo experimentando en restaurantes cuando viajo, así que la primera noche que llegamos me llevé de varias personas que me habían recomendado JNCQUOI Asia. Nunca he estado en ese continente, pero me sentí ahí, por lo menos en la imagen soñada que tengo: es un restaurante gigante, lleno de luces y letreros. ¡Una belleza! Luego del pan que brindan de entrada —suave y delicioso— ordenamos la recomendación del mesero, un tiradito de pescado blanco y un sashimi de salmón, porque quería algo crudo para comenzar. De plato fuerte compartimos un bacalao de miso negro increíble y suave, y un delicioso arroz con cangrejo. 

Y ahora, atención atención: Dominique cumplió uno de sus sueños. Finalmente pude ir al restaurante Belcanto, un establecimiento con dos estrellas Michelin —el primero en Lisboa en obtener ese reconocimiento— a cargo del chef José Avillez —también el primer chef en recibir una estrella en todo Portugal—. Él es el encargado de las degustaciones, y casi me muero cuando pude conseguir una foto con él, tan amable. Nota: Belcanto además está entre los top 50 restaurantes del mundo de la lista de S.Pellegrino y Acqua Panna. 

Para contarles: les recomiendo ordenar entre las dos opciones del menú de degustación… y ya yo sabía a lo que iba con el costo de 185 euros por persona, aunque The Money Coach me mate. Fue una de las mejores experiencias gastronómicas de mi vida, no solo por lo delicioso de la comida sino por el viaje —lo que ellos llaman un viaje entre tiempo y tiempo con unos 18 platos—. Los platos estaban dedicados al mar, con camarones, pescados y mariscos pero con unos toques creativos que todavía no me imagino de donde salen. ¡Hasta el pan de maíz es un escándalo! Importante: deben hacer reservación con antelación, y si desean añadir las rondas de maridaje son 150 euros adicionales a la comida. 

Pero entonces aquí me voy al otro extremo, con algo muy accesible y asequible: el TimeOut Market, con más de 24 puestos de comida de chefs y cocineros experimentados. Nosotros nos fuimos con un hot dog de pulpo, un bacalao con puré de garbanzos (¡increíble!) y una hamburguesa que tiene la reputación de estar de entre las mejores de la ciudad. Y por si se quedan con el antojo: la mayoría de estos puestos también tiene un establecimiento matriz en la ciudad.

Ver y hacer

  • No dejen de probar los famosos pastéis de nata en su casa clásica, la repostería Pastéis de Belém en el distrito del mismo nombre —a unos seis kilómetros del centro de Lisboa—. Ya tienen más de 150 años haciendo ese postre, y por algo son considerados los expertos.
  • Ahora, les tengo un dato de gente que sabe —dígase, directo de la boca de un portugués—. Dice Thiago, el esposo de Marcelle De Moya, que en la Manteigaria Lisboa los pastéis de nata son mucho mejores. Yo decidí hacer la comparación, y les puedo confirmar que se sienten mucho más suaves que los de la otra repostería. Mi sugerencia es que hagan igual que yo: visiten ambos y saquen su favorito.
  • Ahí cerca de la panadería está el monasterio de los Jerónimos, fundado en 1501 y donde descansan los restos de Fernando Pessoa, uno de los escritores más celebrados de Portugal.
  • Un poco más al sur está la Torre de Belém, una imponente edificación que parece un puño de piedra saliendo del mar… y bueno, como era un monumento de defensa, está apropiada la comparación.
  • Tomamos un tuk tuk por 20 euros con una paisana, Almena, quien nos llevó a varios miradores, incluyendo el de Santa Catarina, el punto más alto de la capital.
  • El mirador Portas do Sol queda en el vecindario de Alfama y, aparte de los cafecitos por doquier, ofrece unas vistas impresionantes de la ciudad. Ahí en Alfama también pueden perderse viendo tiendas. Aquí mi foto con #UnCambiodeVita
  • Hablando de tiendas, en Bairro Alto hay tanta actividad nocturna que las tiendas hasta están abiertas de noche. 
  • Lo que hoy es la Pink Street y también está repleto de tiendas y bares era antes el barrio rojo de Lisboa. Es que está cerca del puerto, y donde hay puerto hay marineros, y donde hay marineros…
  • No queríamos irnos sin ver los palacios color pastel de Sintra y la costa de Cascáis. Hecho y hecho. Una nota: Sintra y Cascáis quedan a unos 25 minutos fuera de la ciudad. Nos fuimos con un chofer privado, Rodolfo, que fue también quien nos fue a recoger al aeropuerto. Por la pandemia, nos ofreció unos precios muy competitivos. ¿Quieren contactarlo? Aquí les dejo el número de su supervisor para que puedan escribirle por WhatsApp: +35 19 1947 2506.
  • A poco menos de una hora y media de Lisboa se encuentra Fátima, una visita que mis DMs me decían que era imperdible. Javier ya conocía la historia de las apariciones de la Virgen de Fátima, pero para mí fue impresionante ver a tantos fieles de rodillas en peregrinación, dándole la vuelta al santuario como parte de sus plegarias. Yo entré y encendí una vela para dejar mis peticiones. Mi mamá todavía no se repone de la felicidad de que yo haya podido visitar ese lugar tan importante para la fe católica. Si ustedes van a trasladarse entre ciudades en automóvil, no dejen de hacer esa parada —como está al norte de Lisboa, les queda de camino a Oporto—.

En Oporto

El mismo Rodolfo fue quien nos condujo hasta Oporto, ubicada a tres horas de la capital. Es una ciudad pequeña y se recorre fácil, aunque al igual que Lisboa tiene colinas por doquier, así que es importante andar en tenis para no agotarse demasiado. 

Hospedaje

Decidimos quedarnos en un Airbnb. ¿Por qué? Porque el Hotel Intercontinental, que es relativamente de los más básicos, estaba más caro que el Airbnb pero quedaba justo al lado. Así que nos fuimos con la empresa Porto Concierge —pagamos unos 285 dólares por tres noches—. Ustedes me han pedido trucos para acertar con los Airbnbs y les digo lo mismo: lean las críticas y solo quédense con quienes ya se han ganado la etiqueta de Superhost. 

Desayuno

Gracias a mi amiga Isabel Moreno ya tenía mi lista de lugares para desayunar. El primero fue Zenith, un espacio que aun en tiempos de pandemia tenía una fila de 20 minutos para entrar. Pero valió la pena: de entre sus tostadas, huevos y panqueques pedí una shakshuka deliciosa y unos panqueques de avena con mermelada y mantequilla de maní para compartir.

Hablando de panqueques: si son amantes de este plato, y no necesariamente se inclinan por una versión saludable, pueden pasar por O Diplomata…donde también tuvimos que esperar 20 minutos en fila al ser domingo. Ordené unos panqueques veganos cubiertos de fresa, guineo y granola con un helado de açaí —porque uno puede escoger entre varias opciones para combinar—. ¡Ese plato llegó como una montaña!

Almuerzo y cena

Les tengo un chisme: Javier dice que comió mejor en el Cantinho do Avillez, el restaurante más asequible del chef José Avilléz, que en Belcanto. ¡Dice que fue porque las porciones y los precios eran normales! ¡Qué risa! El asunto es que ordenamos unos tacos de camarones para empezar, seguido por un filete tártaro y unos camarones a la tailandesa gigantescos con arroz basmati. ¡Espectacular! 

Mi amiga Lorena Agramonte me había recomendado ir a la bodega de Graham’s Port en el lado de Gaia, para hacer una visita guiada a través del proceso de elaboración del oporto. Yo había hecho una reserva para visitar su restaurante, el Vinum, y ahí disfrutamos de una de las mejores vistas de la ciudad, mirando hacia el Duero. Ahí comimos pescado y pulpo frescos, y un pan de masa madre fermentado por 48 horas con un aceite de oliva premiado. Estaba tan rico y suave que decidí comprar uno y traerlo en la maleta.

Pero si quieren llevarle la contraria a Javier con un menú de degustación, pueden contar las dos estrellas Michelin de Ricardo Costa, el chef de The Yeatman Gastronomic Restaurant, que también queda del lado de Gaia y por tanto tiene una vista extraordinaria hacia Oporto —sin contar la vista del interior del hotel y el restaurante, que son bellezas—. Amé la comida y volvería mil veces.

Ver y hacer

  • Párense a ver los murales hechos con más de 20 mil azulejos dentro de la estación ferroviaria de São Bento. Eso es todo.
  • El rumor turístico dice que la Livraria Lello fue la inspiración para la biblioteca de Hogwarts en la srie de Harry Potter, porque J.K. Rowling vivió un tiempo en Oporto cuando todavía no era una autora famosa. Pero la misma escritora desmintió este pasado mayo ese rumor, aunque la gente todavía la visita o por no enterarse o por su gran atractivo. Esta librería data de 1906, y verdaderamente esas escaleras centrales son impresionantes. Importante: ellos ya se enteraron de su valor y hay que pagar cinco euros la entrada regular en 15 euros la VIP, sin fila. Mucha historia, muchos libros, pero creo que entre sus anaqueles les falta Un cambio de Vita. ¡Jajaja!
  • El enorme puente de Don Luis I, que cruza el Duero, tiene cierta similitud en su enorme arco metálico con la estructura de la torre Eiffel. Les resuelvo el enigma: fue diseñado por uno de sus discípulos, Théophile Seyrig. Nosotros lo cruzamos en patineta y en tuk tuk. 
  • Mi amiga Cristy me había recomendado visitar los jardines del Palacio de Cristal, una obra de paisajismo del siglo XIX… y hasta nos topamos con una feria del libro.
  • El Majestic Café es considerado uno de los establecimientos de su tipo más bellos del mundo. Mientras nos sentamos en el patio para disfrutar de té y café, me quedé pensando que también dicen que J.K. Rowling se sentaba ahí a escribir Harry Potter. Diiiicen.
  • Para nosotros, una de las mejores vistas panorámicas de todo Oporto está en el monasterio de Serra do Pilar, del lado de Gaia. Subimos allí en un tuk tuk que nos dio una pequeña gira de todo Oporto por unos 14 euros.

En fin, mi experiencia es que Portugal tiene una magia especial, con mucho que ver, mucho que hacer y mucho que comer. Ya está en mi top dos de países, peleándose con Italia. Sé que viajar en medio de una pandemia no es lo mismo que durante la normalidad, pero igual pude disfrutar cada momento. Fue un viaje con propósito. 

Me han preguntado sobre mi presupuesto para el viaje completo, pero les digo: en comparación con otras ciudades grandes europeas, Lisboa y Oporto no son caras. Todo va a depender del tipo de hoteles y restaurantes que elijan. Para llegar desde República Dominicana, la mejor manera es hacer escala en Madrid. Cuando compramos los pasajes rondaban los mil dólares; ahora seguramente esos números han variado.

Sé que esta fue una entrada laaaaaarga, pero tenía mucho que contarles sobre Portugal. Ahora, por favor, prepárense pronto para otra entrada kilométrica sobre mi segunda parte del viaje, ya en Asturias. 

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